jueves, 5 de mayo de 2016

El Amor Digno

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos, joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenia mas riqueza que amor y perseverancia. Cuando le llego el momento de hablar, dijo: "Princesa, te he amado toda mi vida, como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor.....Estaré cien dias sentado bajo tu ventana, sin mas alimentos que la lluvia y si mas ropa que las que llevo puestas.... Esa es mi dote". La Princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: "Tendrás tu oportunidad: si pasas la prueba, me desposaras". Así pasaron las horas y los dias. El pretendiente estuvo pensando, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear,con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando, la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuanto faltaba una hora para cumplirse el plazo,ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levanto y, sin dar explicación alguna, se alejo lentamente del lugar. Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzo y le pregunto a quemarropa:"¿que fue lo que te ocurrió.. estabas a un paso de lograr la meta?, Con profunda consternación y algunas lagrimas mal disimuladas, contesto en voz baja: "No me ahorro ni un día de sufrimiento.... Ni siquiera una hora.... No merecía mi amor".

El merecimiento no siempre es egolatría, sino dignidad. Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando perdemos la vergüenza cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión. que se menosprecie, ignore o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración o en el mejor de los casos ligerezas. La cosa esta clara si no me siento bien recibido en algún lugar, empaco y me voy,



Esto es un texto extraído de la Guía Practica para vencer el desapego de Walter Riso me gusto mucho y quise compartirlo si estas pasando por una mala situación amorosa esto es para Ti!





Con Cariño!



Morella!